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jueves, 15 de octubre de 2015

DOCTRINA POWELL QUEDÓ A UN LADO 2001

La doctrina Powell quedó a un lado

La idea de atacar masivamente en un conflicto limitado parece ahora descartada
Diario "La Nación". Buenos Aires, Lunes 08 de octubre de 2001
WASHINGTON.- Ya hay una víctima en la guerra contra el terrorismo que enfrenta la administración Bush: la muy alardeada doctrina Powell.
Durante varias administraciones demócratas y republicanas, era ar- tículo de fe que las fuerzas militares, cuando se utilizaban, debían ser aplastantes e inexorables. Washington no haría un solo disparo antes de tener claro su objetivo político y un plan para sacar sus fuerzas del campo de batalla.
Bush tiene claro el fin político: la erradicación de la red terrorista de Al-Qaeda y de los cabecillas del régimen talibán que la apoyan. Pero antes de que el Pentágono disparara un solo misil contra Ben Laden y sus anfitriones de Afganistán, ya había señalado que su plan militar sería guiado por un conjunto de reglas totalmente novedosas.
La guerra que el Pentágono está luchando tiene que ver más con fuerzas especiales que con las de poderío bélico. Mientras que los ataques aéreos son una parte importante del plan, el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, ha destacado que el Pentágono tendrá una "actitud prudente".
En parte, la actitud del Pentágono proviene de los particulares desafíos que representa ir a la guerra contra Ben Laden y sus partidarios talibanes. Los planes del Pentágono también reflejan una más amplia estrategia política. El gobierno está tratando de dejar claro que su lucha es contra los terroristas y no contra el pueblo afgano. Por eso, lanzar alimentos a los refugiados hambrientos es tan importante como los ataques con bombas guiadas por láser.
Queda también claro que la doctrina Powell parece inapropiada ante las muchas amenazas terroristas que los Estados Unidos pueden tener que enfrentar en los años futuros. Esos individuos pueden bien formar pequeñas células esparcidas entre las poblaciones civiles y el mejor modo de combatir al enemigo podría ser con bombardeos sorpresivos y ataques comando.
La doctrina Powell nació de las antiguas frustraciones militares norteamericanas en Vietnam. En esa guerra, los Estados Unidos realizaron una escalada gradual de la fuerza y declaraban períodos de pausa en su campaña de bombardeos. Eso dio a los diplomáticos tiempo para tratativas y a los enemigos, tiempo de recuperarse para una nueva lucha.

Desde Vietnam

Una generación de oficiales norteamericanos terminó el conflicto prometiendo no luchar de esa manera nunca más. Colin Powell -joven oficial en Vietnam que llegó a ser jefe del Estado Mayor y hoy, secretario de Estado- era uno de ellos.
Si la fuerza norteamericana tiene que ser usada, se dijo, debe ser poderosa y terminante. El poder militar norteamericano sería como una tormenta eléctrica, fuerte pero breve, y preferentemente sin compromisos que compliquen la acción.
Powell adelantó esta visión en una entrevista antes de la asunción de Bush. "Una vez que se ha establecido un claro objetivo político, me parece que es muy apropiado concretarlo, si se requiere la fuerza militar, de una manera decisiva", manifestó. A pesar de que habló de la utilidad del poder aplastante, el secretario Powell a veces manifestó que el punto verdaderamente importante es que el poder militar norteamericano necesita ser terminante y utilizado sólo cuando los objetivos políticos estén claros.
Aun así, se supone que cuanta más fuerza se tenga, más se aumentan las probabilidades de éxito. Pero, incluso antes de la campaña contra el terrorismo, ha quedado claro que la doctrina Powell tiene sus limitaciones.
La doctrina a veces ha sido una guía insuficiente para las enmarañadas políticas de la post-Guerra Fría y de hecho frenó a los Estados Unidos en su intervención en Bosnia cuando las matanzas étnicas se desencadenaron. Entonces, el general Powell le dijo al presidente Bush padre que los Estados Unidos necesitarían desplegar cientos de miles de tropas para dominar la lucha en Bosnia, y el primer mandatario puso reparos.
Seguramente, hay casos en que el modelo Powell podría ser útil. El gobierno de Bush ha dejado claro que no está solo detrás de los terroristas, sino que también atrapará a los gobiernos que los asilan. En esos casos, el ejército norteamericano puede ser también aplastante y terminante e incluir todas las herramientas del instrumental, como lo explicó Powell durante la Guerra del Golfo.

Anacronismo

Pero en muchos casos la doctrina Powell parece ser un anacronismo.
"Las actitudes no convencionales, obviamente, son más posibles y apropiadas que las típicamente tradicionales -dijo Rumsfeld al referirse a Afganistán-. No hay objetivos de alto valor. No hay ataques marítimos. No hay tierras para ocupar."
El subsecretario de defensa Paul D. Wolfowitz ya había sugerido que los ataques aéreos serían usados para forzar a Ben Laden y a sus seguidores a salir de sus refugios para así poder seguirlos, capturarlos y atacarlos.
En un sentido más general, Rumsfeld comparó la lucha antiterrorista con la estrategia que Washington realizó para contener el poder soviético durante la Guerra Fría. En una afirmación bastante poco favorable a la posición de Powell, advirtió que no había una clara estrategia de retiro.
"La Guerra Fría tomó más o menos 50 años -afirmó Rumsfeld durante su viaje a El Cairo, esta semana-. No significó grandes batallas. Implicó una continua presión, una continua cooperación de muchas naciones. Y cuando terminó, no lo hizo con un gran impacto, sino con un colapso interno. Me parece que puede ser la manera más apropiada de pensar lo que estamos enfrentando aquí, y no en un conflicto mayor."
Traducción: María Elena Rey

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